Puntos de Inflexión
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La soledad no deseada

No es un estado, es una transición que puede durar décadas si nadie diseña el encuentro. La desigualdad ante el cambio empieza aquí.

«Se habla más con pantallas que con puertas.»

741 HISTORIAS EN EL ARCHIVO · 4 PUBLICADAS

741 personas han escrito sobre esto en el archivo. Casi todas describen la misma secuencia: primero desaparece la rutina, después desaparece la gente, y solo mucho más tarde aparece alguien que no tenía por qué aparecer.

El modelo del Jardín existe para acortar esa última espera. No para consolar: para organizar el encuentro.

En primera persona

Quién ya lo atravesó

Héctor, 81Ciudad sin nombre

Cuatro días sin hablar con nadie y no pasó nada

Lo peor de la soledad no deseada es descubrir que puedes estar cuatro días sin hablar con nadie y que el mundo no se enteraría. Yo hablaba más con la televisión que con puertas. Alguien puso una mesa y unas sillas en el parque de abajo y empecé a bajar solo por ver si había alguien. Casi siempre hay…

Una mesa y unas sillas donde casi siempre hay alguien.

Claudia, 27Madrid

Rodeada de gente y sin nadie a quien llamar a las tres

Tengo cuatrocientos contactos y ninguno al que llamar a las tres de la mañana. La soledad de los veintisiete no se ve: se disimula muy bien con planes. Empecé a quedar con las mismas tres personas todas las semanas, siempre el mismo día, aunque no hubiera nada que celebrar. Repetir a la gente es lo…

Repetir a las mismas personas cada semana.

Manuel, 59Ourense

Vivo en un pueblo de ochenta personas

Aquí la soledad no es urbana: es que la gente se ha muerto o se ha ido y las casas están cerradas. Abrimos la escuela vieja dos tardes a la semana. Vienen nueve. Nueve son muchos cuando llevabas años en cero.

Abrir una puerta dos tardes por semana.

Fatima, 36Bruselas

Emigrar es empezar la red desde cero, otra vez

Trabajo, papeles, idioma: todo lo resolví. Lo que no se resuelve con gestiones es que nadie de aquí te conoce de antes. Tardé tres años en tener una persona a la que dejarle las llaves. Ahora yo soy la persona de las llaves de otras dos.

Ser la persona de las llaves de alguien.

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